Desde nuestro hogar como familia cristiana, a medida que nuestro hijo con capacidades diferentes iba creciendo, vimos la necesidad de buscar un lugar donde él siguiera formándose para que llegase el día en que pudiera recibir a Jesús Sacramentado.

            Grande fue nuestra alegría saber que en nuestra parroquia comenzaba la Catequesis Especial.

            Confiábamos mucho en la Providencia ya que esta tarea no era nada sencilla y fue una experiencia tan maravillosa que pensamos que los padres que viven esta situación no deberían perdérsela.

            Con sencillez su catequista supo transmitirle conceptos muy profundos sobre nuestra fe, facilitándonos la misión de continuar el camino de su fidelidad en la vida espiritual a través de los años.

            A medida que avanzaba el tiempo nos surgió la duda de saber si había comprendido de qué se trataba.

            Un día fuimos a hacer una visita al Santísimo y le preguntamos a Juan Francisco a quién tenía que saludar, si a la estatua de Jesús que se encontraba a su lado o al Sagrario y él sin dudarlo hizo su genuflexión hacia el Sagrario.

            Ese día fue inolvidable.

            La Catequesis Especial dejó en nuestro hijo una rica formación ya que gracias a ella su piedad sigue intacta.

            Muchas otras experiencias hemos vividos junto a él que nos han permitido saber que la vida de infancia espiritual es posible para todos.

Luis y Marita Pegassano.